Palabras de presentación de Rafael Inglada
Nos encontramos esta tarde de nuevo para dar la bienvenida al poeta Rafael Inglada, dentro del ciclo de lecturas organizado por la Delegación de Cultura y el Centro Andaluz de las Letras.
Voy a tratar de resumir la intensa bibliografía literaria que este brillante autor ha desarrollado desde que, en 1983, apareciera una colección de poemas bajo el título Las vigilias, editado por la universidad de Málaga. También de 1983 es Tríptico de fuego, pero quizás podemos considerar al poemario Biografía, dieciséis sonetos de raíz clásica y tema amoroso, como su primera obra dada conscientemente a la estampa, y que vino acompañada de una nota de Carmen Conde.
Entre 1984 y 1987 se suceden las publicaciones (Oficio de cuerpos (1985), Dos poemas (Málaga: Papeles de Poesía, 1986), Brillante muerte (1986)), entre las que destaca La senda jaque (Córdoba: Ayuntamiento, 1986), libro en el que, además del soneto clásico, ensaya poemas en verso libre. El sur y el mar, como símbolos, son sus temas recurrentes y mereció el XI Premio de Poesía Ricardo Molina.
Poco después aparece Noticia del amor (1988) y Vidas ajenas (Zaragoza: Olifante, D.L. 1991). Estas vidas ajenas traen una solapa del buen amigo y mejor poeta Luis Alberto de Cuenca, cuyas palabras nos señalan algunas de las virtudes ineludibles en la lírica de Rafael Inglada, que podríamos adscribir, académicamente, al clasicismo nuevo de la llamada línea clara, que trata de devolver el código al hombre y, por tanto, al poeta, para que negocie desde presupuestos clásicos de la forma y los topoi la espléndida llamarada de la creación poética. Así Luis Alberto de Cuenca nos deja escrito:
“Alejandrinos casi siempre, rara vez endecasílabos, eneasílabos y hasta octosílabos (una espléndida décima), los versos de Rafael riman, como los de los antiguos poetas, que ahora abandonan victoriosos la cárcel en que la estúpida Vanguardia los había encerrado, devolviéndonos el “dulce soplo de la brisa sabia” que ha cortejado siempre a la auténtica poesía, haciéndonos olvidar los presuntos paraísos “novísimos” y aquellas escrituras automáticas del más remoto antaño.”
La obra de Rafael Inglada no se detiene aquí sino que continúa acrecentándose en distintas obras como Las terrazas de Saratoga (1994), con notas de Pablo García Baena y de Carlos Rodríguez Spiteri, Reyes tardíos o amantes (Centro Cultural Generación del 27, Málaga, 1997), que fue finalista del Premio Andalucía de la Crítica de Poesía y que recoge la producción del poeta, escrita entre 1993 y 1997, publicada tan sólo en pequeñas colecciones de difícil acceso al lector y de restringida tirada principalmente, y La rebelión de los bóxers (Málaga,2000). Confieso que no sé si desde entonces Rafael Inglada ha seguido publicando su poesía, aunque nos consta que está preparando un libro de poesía que verá la luz en la colección literaria Monosabio.
Antes de finalizar no quiero dejar pasar la oportunidad de señalar que su obra se hermana en algunos aspectos con la ciudad de Ronda, como es por el uso de la décima espinela en su primera poesía, el guiño Rilkeano que aparece en su poema “Final” de Vidas ajenas, la impresión de los poemas de Francisco Giner de los Ríos y la aún más feliz coincidencia de esa pequeña nota de Carlos Rodríguez Spiteri, autor que mantuvo una larga correspondencia con Pedro Pérez-Clotet, correspondencia iniciada con un libro lejanísimo en el tiempo, Choque Feliz, y otro tan lejano como el anterior¸ Los reinos de la secreta esperanza, y que fueron oportunamente reseñados por Pérez-Clotet en la segunda época de la revista Isla. (15, 1939)
Bueno, no quiero ocupar toda la tarde presentando a Rafael, así que dejaré de lado su extraordianaria labor editora e impresora (1987 a 2002 en la imprenta Dardo, desde el 2002 en la imprenta Árbol de Poe, de Paco Cumpián) y también su labor como estudioso de la obra de Picasso y otros artistas, labor, en la que ha destacado tanto por la profundidad de sus análisis como por su exhaustiva labor de penetración investigadora. Quizás, como colofón de esta intervención, hay que recordar las palabras del poeta y amigo Javier La Beira Strani, publicadas hace apenas una semana en el diario La Opinión de Málaga, en las que hablaba de este Rafael Inglada, editor e impresor:
“a Rafael Inglada, escritor camaleónico en el mejor sentido del término, maestro impresor, apasionado siempre de las letras, le guardo un respeto tan enorme como él lo guarda a los libros. En la Málaga literaria, el violín de Ingres es el violín de Inglada”
Sin más, escuchemos atentamente a Rafael Inglada.
Algodonales, 5 de junio de 2006.
Rafael Muñoz Zayas
Voy a tratar de resumir la intensa bibliografía literaria que este brillante autor ha desarrollado desde que, en 1983, apareciera una colección de poemas bajo el título Las vigilias, editado por la universidad de Málaga. También de 1983 es Tríptico de fuego, pero quizás podemos considerar al poemario Biografía, dieciséis sonetos de raíz clásica y tema amoroso, como su primera obra dada conscientemente a la estampa, y que vino acompañada de una nota de Carmen Conde.
Entre 1984 y 1987 se suceden las publicaciones (Oficio de cuerpos (1985), Dos poemas (Málaga: Papeles de Poesía, 1986), Brillante muerte (1986)), entre las que destaca La senda jaque (Córdoba: Ayuntamiento, 1986), libro en el que, además del soneto clásico, ensaya poemas en verso libre. El sur y el mar, como símbolos, son sus temas recurrentes y mereció el XI Premio de Poesía Ricardo Molina.
Poco después aparece Noticia del amor (1988) y Vidas ajenas (Zaragoza: Olifante, D.L. 1991). Estas vidas ajenas traen una solapa del buen amigo y mejor poeta Luis Alberto de Cuenca, cuyas palabras nos señalan algunas de las virtudes ineludibles en la lírica de Rafael Inglada, que podríamos adscribir, académicamente, al clasicismo nuevo de la llamada línea clara, que trata de devolver el código al hombre y, por tanto, al poeta, para que negocie desde presupuestos clásicos de la forma y los topoi la espléndida llamarada de la creación poética. Así Luis Alberto de Cuenca nos deja escrito:
“Alejandrinos casi siempre, rara vez endecasílabos, eneasílabos y hasta octosílabos (una espléndida décima), los versos de Rafael riman, como los de los antiguos poetas, que ahora abandonan victoriosos la cárcel en que la estúpida Vanguardia los había encerrado, devolviéndonos el “dulce soplo de la brisa sabia” que ha cortejado siempre a la auténtica poesía, haciéndonos olvidar los presuntos paraísos “novísimos” y aquellas escrituras automáticas del más remoto antaño.”
La obra de Rafael Inglada no se detiene aquí sino que continúa acrecentándose en distintas obras como Las terrazas de Saratoga (1994), con notas de Pablo García Baena y de Carlos Rodríguez Spiteri, Reyes tardíos o amantes (Centro Cultural Generación del 27, Málaga, 1997), que fue finalista del Premio Andalucía de la Crítica de Poesía y que recoge la producción del poeta, escrita entre 1993 y 1997, publicada tan sólo en pequeñas colecciones de difícil acceso al lector y de restringida tirada principalmente, y La rebelión de los bóxers (Málaga,2000). Confieso que no sé si desde entonces Rafael Inglada ha seguido publicando su poesía, aunque nos consta que está preparando un libro de poesía que verá la luz en la colección literaria Monosabio.
Antes de finalizar no quiero dejar pasar la oportunidad de señalar que su obra se hermana en algunos aspectos con la ciudad de Ronda, como es por el uso de la décima espinela en su primera poesía, el guiño Rilkeano que aparece en su poema “Final” de Vidas ajenas, la impresión de los poemas de Francisco Giner de los Ríos y la aún más feliz coincidencia de esa pequeña nota de Carlos Rodríguez Spiteri, autor que mantuvo una larga correspondencia con Pedro Pérez-Clotet, correspondencia iniciada con un libro lejanísimo en el tiempo, Choque Feliz, y otro tan lejano como el anterior¸ Los reinos de la secreta esperanza, y que fueron oportunamente reseñados por Pérez-Clotet en la segunda época de la revista Isla. (15, 1939)
Bueno, no quiero ocupar toda la tarde presentando a Rafael, así que dejaré de lado su extraordianaria labor editora e impresora (1987 a 2002 en la imprenta Dardo, desde el 2002 en la imprenta Árbol de Poe, de Paco Cumpián) y también su labor como estudioso de la obra de Picasso y otros artistas, labor, en la que ha destacado tanto por la profundidad de sus análisis como por su exhaustiva labor de penetración investigadora. Quizás, como colofón de esta intervención, hay que recordar las palabras del poeta y amigo Javier La Beira Strani, publicadas hace apenas una semana en el diario La Opinión de Málaga, en las que hablaba de este Rafael Inglada, editor e impresor:
“a Rafael Inglada, escritor camaleónico en el mejor sentido del término, maestro impresor, apasionado siempre de las letras, le guardo un respeto tan enorme como él lo guarda a los libros. En la Málaga literaria, el violín de Ingres es el violín de Inglada”
Sin más, escuchemos atentamente a Rafael Inglada.
Algodonales, 5 de junio de 2006.
Rafael Muñoz Zayas


